La obesidad es una enfermedad compleja.

En ella intervienen muchos factores y difícilmente puede atribuirse su aparición a una única causa. Sin embargo, sí que existen diferentes condicionantes que pueden predisponer a una mayor ingesta calórica (consumir más calorías de las que necesitamos) y consecuentemente al sobrepeso y a la obesidad.

El estrés es uno de estos “condicionantes”.

Se estima que aproximadamente un 30% de las personas con obesidad sufre un problema de estrés.

La respuesta ante una situación de estrés es muy diferente entre las personas. Hay individuos que ante una situación de estrés, agobio, ansiedad, etc… incrementan el consumo de alimentos. Es como si de algún modo buscasen”consuelo” y/o “recompensa” a través de la ingestión de alimentos. Además, en muchos casos este aumento del consumo de alimentos viene acompañado por una preferencia hacia alimentos de alto contenido calórico (grasas y dulces principalmente).

En aquellos casos en los que la persona varía su patrón alimentario ante una situación continuada o permanente de estrés se corre el riesgo de caer en una especie de espiral sin salida.

-“siento ansiedad”-“como más de la cuenta y peor”-“no lo quemo por lo que las calorías de más se van acumulando”-“voy cogiendo kilos”-“esos kilos a su vez me generan más ansiedad, frutración, afectan mi autoestima..me llevan a tener más ansiedad”-“sigo comiendo más y de forma compulsiva”.…..

y así sucesivamente.

Ante esta situación, la primera fase pasa por concienciar, educar e informar sobre los hábitos alimenticios y modificar este patrón de conducta.

Cuando la prevención ha fallado y ya existe un problema de obesidad grave, es importante poner freno a ese espiral o bucle que lleva cada vez a una mayor obesidad  y a una peor calidad de vida.

El objetivo principal de cualquier técnica de cirugía de la obesidad destinada a procurar la pérdida de peso es conseguir que el paciente recupere el equilibrio entre calorías ingeridas y consumidas. Para ello la mejor forma es facilitarle parte de ese proceso haciendo que su propio cuerpo “limite” la cantidad de alimentos a ingerir. Esta limitación se consigue con la reducción de estómago.

A partir de ahí el espiral al que hacemos referencia en párrafos se vuelve a la inversa:

-“tengo un mejor control de lo que como puesto que me sacio enseguida”- “como ingiero menos calorías pierdo peso”- “como pierdo peso me siento más vital con más energía y me siento menos desbordado y ansioso para sobrellevar  ciertas situaciones”-“me siento menos estresado-agobiado”-“sigo perdiendo peso”-“me gusta cómo me siento e incluso me planteo hacer algo de ejercicio”- “la pérdida de peso y el ejercicio me ayudan a sentirme mejor”……

Este vendría a ser el esquema, de forma muy resumida y con un enfoque muy genérico, de las experiencias de algunos pacientes que han tratado su problema de obesidad y que partían de una situación de estrés y ansiedad que les llevaba a buscar refugio en la comida y a una desmotivación y falta de energía que favorecía una vida sedentaria, agravando aún más el problema de la obesidad.

 

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